viernes 28 de septiembre de 2007

CeldaTV un canal de Televisión dedicado a la cultura

Gracias a José Antonio Millán descubro este canal de televisión que a través de internet emite pequeños espacios dedicados a la cultura. Nuevas formas de difusión de la cultura que vienen apareciendo en internet hace algún tiempo, como podría ser también Literaturas TV de Literaturas.com

martes 18 de septiembre de 2007

De piratas y filo-embusteros. En apoyo a nuestros compañeros de Quimera

La SGAE ha denunciado a la revista cultural Quimera y solicita 9000 € como compensación por haberles llamado "piratas" en un artículo de opinión firmado por Trebor Escargot . Es sorprendente, desde luego, que se denuncie a una revista cultural como Quimera por este motivo -aunque después de lo del Jueves, ya nada nos sorprende demasiado-, pero lo que más me soprende es que la SGAE y sus miembros puedan ofenderse porque alguien les llame piratas. Como ciudadano de este país estoy acostumbrado a ser considerado un pirata por el mero hecho de comprar un cd virgen para grabar en él las fotos de mis hijos, o por el hecho de comprar una impresora para imprimir mis trabajos y corregirlos en papel más adecuadamente. Y no sólo se me considera un pirata, sino que se me juzga y se me condena a pagar por ello... con dinero. Por tanto, no entiendo que nadie pueda ofenderse porque otro le llame "pirata" si todos lo somos y así está reconocido legal e institucionalmente -recuerdo la campaña institucional sobre este tema que desde luego da miedo, pero en un sentido muy distinto al que ellos seguramente pretendían conseguir.

Dado que suponemos que los gestores y miembros de la SGAE compran también alguna vez un cd virgen o tienen impresoras, es evidente que ellos son también considerados piratas. Por tanto que alguien lo escriba en un artículo de opinión no debería ofenderles. Quizá tenga que ver con una censura psicológica que les impide aceptar que lo son y por tanto, y precisamente para no asumir esa certeza, atacan con tanto empeño al resto de piratas, como esos personajes que en novelas y películas acostumbran a ser especialmente violentos con quienes son de una determinada manera, precisamente para no acabar de asumir que ellos también lo son: léase homosexualidad, por ejemplo, porque es el ejemplo que primero se me viene a la cabeza, pero también podían ser judios, negros, etc.-.

Creo que TODOS deberiamos asumir nuestra condición de piratas o de lo contrario -por aquello de "todos putas o todos marícones" que dice el refrán castellano- plantearse de otra forma la gestión de los derechos de autor, para que realmente sea una gestión eficaz y justa, que favorezca a todos los creadores -y no sólo a los que ya son millonarios- y sobre todo que fomente la creación en vez de poner todos los medios para dificultarla a los creadores con menos medios y fortuna, y sobre todo que destierre la culpabilidad a priori y favorezca la difusión libre de la cultura que es lo que más favorece la creación y la gestión real de los derechos de autor.

Porque al fin y al cabo no deja de ser curioso que siempre pidan dinero, incluso cuando se sienten ofendidos, piden dinero, ¿no deberían pedir una rectificación o una disculpa? Si uno cuando le ofenden piden dinero, quizá es que la ofensa es en el bolsillo y no en el corazón. Pero la verdad es que cuando uno más se enfada es cuando le ofenden el bolsillo, si no que se lo digan a los españoles que se ofenden cada vez que les cobran un canón por comprar un cd para grabar las fotos de las vacaciones... aunque quizá sea justo: los monumentos de este país también tienen derechos de autor, ¿o no?

Valentín Pérez

lunes 17 de septiembre de 2007

La trasparencia

La luz no es color y se abre a la trasparencia. Durante siglos hemos ignorado que la unión de todos los colores los anula, al igual que su ausencia. Blanco absoluto o negro son las dos caras del mismo hecho. El abigarramiento en el lienzo, el exceso de palabras en la página conduce a la negrura por el exceso; la falta conduce a la blancura por defecto. Entre uno y otro punto se esconde la levedad significante de lo justo. Con menos la obra permanece opaca; en el exceso, los posibles significados se atropellan los unos a los otros.
Pocos pintores, pocos escritores entendieron la importancia de la ligereza, en los materiales, en los símbolos, en los trazos y en las texturas. Tendemos a pensar que el misterio es lo mismo que la escasez o que la belleza se encuentra en la acumulación, cuando no pasan de ser un síntoma de la incapacidad para elegir, planear y buscar el significado exacto que no quede oculto ni resulte incomprensible.
En la trasparencia el trazo ha de ser firme. Necesitamos saber de antemano adónde nos dirigimos. En la transparencia el mar parece pesado y el aire flota cayéndose. Quizás sea la trasparencia la luz traspasada por el frío y el silencio: El momento inmóvil.

lunes 3 de septiembre de 2007

Envejecimiento

Envejecemos. El tiempo pasa y va dejando sus huellas en nosotros. Las arrugas de la cara, el temblor de las manos y la debilidad en las piernas son algunos de los síntomas. La memoria falla y la conversación se vuelve monótona y centrada en unos pocos temas de cuando entonces.
Envejecen también las supuestas obras de arte. De las innumerables novelas que se publican, de los infinitos poemarios que logran ver la luz, solo unos pocos lograrán sustraerse a la usura del tiempo, y eso en razón de su especial capacidad para escapar de su momento. Tampoco los cuadros aguantan indemnes ni las esculturas mantienen su brillo y rotundidad iniciales. Necesitan que las restauren cada cierto tiempo, y eso si aguantan los siglos, que a veces desaparecen.
Las consignas tampoco mantienen su prestancia. Casi nunca duran más de dos décadas. Una consigna es un resumen urgente y deforme de una idea. A veces son ocurrencias, otras parecen estar algo más meditadas. “Sexo, drogas y rocanrol”, “Vive rápido, muere pronto y tendrás un bonito cadáver” fueron coreadas y asumidas por muchas personas en unos años concretos. Hoy solo muestran el polvo y las telarañas en que envueltas viven su agonía.
Hay quienes achacan el envejecimiento al tiempo, inclemente. Últimamente tiendo a pensar que no es él, aunque no haya que descartar la cualidad mortal de todo lo humano. Tendemos a creer que cualquier ocurrencia nuestra es genial y que todos han de compartirla, cuando no es así, y una ocurrencia es como una gracieta o un chiste, que vale solo para el momento.
Se gastan los símbolos. Lo que ayer brillaba incólume hoy está apagado y agoniza triste, rodeado de algunos fieles que aplauden aún su ya perdido esplendor. Algunos pocos se salvan y mantienen una existencia serena al través de los siglos, aunque cambia su inflexión.