miércoles 23 de abril de 2008

5º Número de Cuadernos del Minotauro


Coincidiendo con este mes de abril tan literario, sale a la calle nuestro número 5 con el que iniciamos una nueva etapa, con un diseño más compacto, periodicidad anual, nuevo precio más acorde con la realidad y con las necesidades de llegar a las librerías a través de un distribuidor (en nuestro caso Breogán Distribuciones editoriales) pero con las mismas ganas y la misma calidad en los trabajos que presentamos, divididos en estudios realizados por investigadores de España y América, y en creación en la que en este número contamos con tres excelentes poetas jovenes (Luna Miguel, Luis Luna y María Salvador) y la colaboración en relato de los argentinos Fernando Sorrentino y Cristian Mitelman (bajo el seudónimo conjunto de Christian X. Ferdinandus) y del español Mario Martín Gijón. Completa el número como siempre una selección de primeros capítulos de novedades editoriales (en este número Fundamentos, Ellago y El Nadir) y reseñas. Y la sugerente imagen de portada se la debemos al artista Manuel Barca

A demás de en librerías (indicando al librero quien la distribuye si no le han llegado ejemplares), se puede solicitar como siempre en nuestra web y recibirlo por correo o por mensajería:


Cuadernos del Minotauro
Revista cultural de investigación y creación
Nº 5 . 2007. Anual
ISSN: 1699-6321
16x22cm
182 páginas
PVP: 12 €
www.minotaurodigital.net/cuadernos


ESTUDIOS

David Leyva González
José Martí, Francisco de Goya y la pintura española de finales del XIX (Descargar articulo en PDF)

Josué Sánchez
La imposición del diabolismo cristiano en América

Mª del Carmen Fernández Díaz
Michel Tournier y el mito de barba azul

Antonio Javier Marqués
I condottieri: Cesare Borgia e Giovanni de’ Medici frente a frente.
Paralelismos y semejanzas históricas y literarias

Chrystian Zegarra
Amor erótico y Poesía: elementos formativos de humanidad en
Desolación de la quimera de Luis Cernuda

José Iván Ortega Galiano
El oeste de Irlanda en la obra de W. B. Yeats:
el surgimiento de la identidad nacional irlandesa

Ahmed Shafik
El drama litúrgico en el Egipto antiguo

CREACIÓN

Christian X. Ferdinandus
El centro de la telaraña

Mario Martín Gijón
El último guerrillero

Luna Miguel
Poesía

Luis Luna
Poesía

María Salvador
Poesía

FRAGMENTA

Rene Crevel, Desvíos, Ediciones El Nadir, 2008

Óscar Cornago (coord.), Éticas del cuerpo, Editorial Fundamentos, 2008

Catherine Malabou, La plasticidad en el atardecer de la escritura, Ellago Ediciones, 2008

RESEÑAS

Marta Álvarez
Antonio J. Gil González (coord.), Metaliteratura y metaficción. Balance crítico y perspectivas comparadas.
Número monográfico de la revista Anthropos Huellas del Conocimiento, 208, 206

viernes 11 de abril de 2008

De erratas y otras casualidades

Uno de los efectos secundarios de editar es que se lee de forma diferente. Atraído inexorablemente por la errata, los ojos se deslizan más lentamente sobre el papel; es difícil correr sobre la línea a la misma velocidad que antes, vislumbrando tan sólo la mancha de la plabra para entederla, o imaginarla muchas veces. Pero la verdad es que también antes, desde siempre en realidad, me he quedado atrapado unos segundos cuando se producen calles en el texto, huecos vacios que se comunican formando un camino en el que precisamente es fácil perderse. A parte de por estética, esa es una de las principales razones para evitarlas al editar, y es que el lector puede quedar atrapado como en un laberinto, recorriendo esa calle con los ojos buscandando el final, especialmente peligrosa si la calle es diagonal.

Las casualidades gráficas tiene también su atractivo -el azar, como la arruga, es bello-. Partir "ridí- culo" por la mitad al final de linea es siempre una casualidad divertida que puede hacernos esbozar una sonrisa, pero si evidentemente se debe evitar siempre, habrá que evitarlo como la peste en un libro de texto, pues puede suponer varios minutos de anarquía escolar que quizá el profesor nos reproche eternamente.

Gran parte de las normas tipográficas de composición no se siguen hoy fielmente en la mayoría de las ediciones, especialmente en lo referente a partición de palabras y a evitar repeticiones de letras a principio o fin de palabra (otro tipo de calle, ésta ocupada por el mismo caracter peligrosamente coincidente), y eso a pesar - o precisamente por eso- de que las aplicaciones informáticas permiten cada vez afinar más en la composición de textos.

Hay lectores que son auténticos cazadores de erratas que las envían después a las editoriales, como también los hay que devuelven los libros a la librería cuando encuentran erratas en exceso (todo libro que se precie debe tener una errata, como tiene un titulo o una portada, pues forma parte casi de su estructura; pero más de dos ya debe considerarse exceso). Y no me consta ningún ejemplo, pero estoy seguro de que también hay cazadores de casualidades gráficas -que en el fondo son otra forma de errata- y de particiones desafortunadas como aquella que se cita siempre:
El joven soldado dormía sobre una vieja
cama.

Mientras editar siga siendo un arte y sobre todo un oficio, seguirá habiendo erratas y acidentes o casualidades gráficas, y muchos seguiremos leyendo más despacio atraídos por el iman de la errata y perdiéndonos en calles y laberintos que también es otra forma de disfrutar de la lectura.

martes 1 de abril de 2008

Eduardo Fraile


Al poeta lo veo de vez en cuando, por la calle, en esta ciudad tan seca e inhóspita para gente que desee algo más que subsistir. El paso siguiente, necesario, ineludible, quizás también triste es preguntarse qué es un poeta, y si ese señor que camina con aire abstraído, con gesto huidizo y ademanes sincopados, podría serlo y por qué, si acaso en el maletín negro que balancea guarda la esencia de eso que llamamos poesía y que cada vez es algo más indeterminado, borroso y mortecino.
La poesía, todos lo sabemos, se está extinguiendo. Quizás haya ya desaparecido y lo único que nos quede sean los rastros débiles de una actividad que entonces tenía sentido, pero que ahora no pasa de ser una infantil actividad museística reservada a los espíritus incapaces de enfrentarse con el mundo. O eres contratista o te dedicas a la poesía. Ese es nuestro destino, el ácido y lúcido destino de los vencidos antes de entrar en batalla.
Aunque quizás el poeta, Eduardo Fraile, desconozca el torrente de pesimismo que arrasa las calles de una ciudad que no es ni suya ni mía, una ciudad que no es de nadie, pues si lo fuera no la maltratarían con tanta mala saña. Quizás por eso es capaz aún de pasear un maletín negro, dibujar dedicatorias y escribir poemas que hablan de un pasado, el suyo, pero que podría ser el nuestro (lo es en cierto sentido más allá de la pura literalidad).
La poesía, claro, el juego, y el recuerdo, la risa y la melancolía, el tiempo que ya se nos ha escapado (y la meditación triste que nos provoca) y las ligeras variaciones sonoras que confunden y revelan los significados.
Fraile se queja de los pocos poetas elegantes que ha habido en este siglo ya pasado. Quizás sea el de los últimos, entre los elegantes y los poetas, que atraviesen el nuevo siglo.


La fotografía es de Ángel Arribas. Se titula "Investigación de la verdad" y está basada en el poema "Quién mató a Kennedy y por qué", del libro de Eduardo Fraile de título homónimo.