jueves 22 de mayo de 2008

Papeleras


Recordaba el otro día por otro motivo, la frase de Lázaro: “lo que uno no come, otro se pierde por ello”, y hoy vuelvo a recordarlo porque los jueves, como hoy, cuando voy a comprar EL MUNDO para leer EL CULTURAL, casi siempre encuentro este suplemento antes de llegar en alguna papelera, lo cual da que pensar. En España se venden pocos períodicos con respecto a otros países, pero también es verdad que cada ejemplar se lee por muchas más personas que en otros países. Es raro encontrar un períodico en la papelera (quitando los gratuitos) porque una vez que lo hemos comprado, lo conservamos durante todo el día y por donde vamos pasando (oficina, cafetería, casa, etc.) nos lo van tomando prestado. Sin embargo, los jueves EL CULTURAL descansa en muchas papeleras justo al lado del kiosko. La tirada de EL CULTURAL es de más de 300.000 ejemplares, y su supuesta difusión de un millón de lectores más según las cifras que da EL MUNDO en su página de publicidad, y que son las mismas que las del períodico, pues se vende inseparablemente con él. ¿pero esto es real? ¿Realmente el suplemento de cultura de los períodicos se lee tanto como el períodico?.

Evidentemente no, porque un buen número de lectores se deshace de él nada más comprar el periódico -también sucede con los suplementos económicos del domingo-, y otros que no lo hacen seguramente no lo leerán, y muchos tan solo lo hojearán. ¿cuál es la audiencia real por tanto de los suplementos culturales? ¿Qué influencia real tienen los suplementos culturales para el común de los lectores de períodicos a la hora de decidir sus lecturas o su asistencia a determinados espectáculos? ¿no seremos la mayor parte de sus lectores precisamente quienes de una u otra forma nos dedicamos al mundo de la cultura?. Bueno, y si los suplementos culturales gratuitos acaban en la papelera, ¿qué sucede con las revistas culturales? ARCE nos da algunas pistas sobre los lectores de revistas culturales en base a una encuesta entre sus lectores y también hay un estudio de la Fundación Alternativas, que tiene el significativo título de "El futuro digital de las revistas culturales" y que me parece que se centra más en buscar formas de supervivencia que en encontrar fórmulas para hacer lectores, pero está claro que suplementos culturales y revistas culturales no son precisamente las de más difusión.

En fin, quizá los suplementos culturales debererían venderse con el períodico, pagando un pequeño suplemento (valga la redundancia) , para que solo lo comprara el lector realmente interesado, y así sabríamos algo más sobre su difusión real. Quizá la tirada se redujera muchísimo y con ello unas tarifas publicitarias que quizá no son proporcionales a su audiencia. Y desgraciadamente yo dejaría de ahorrarme un euro los jueves.

Nota: He puesto como ejemplo EL CULTURAL, pero en el caso de Babelia, ABCD, Caballo Verde, etc. sucede lo mismo, aunque probablemente hay menos gente que los tire directamente al comprar el períodico porque al tener el mismo formato que el períodico pasan desapercibidos, no se sienten directamente como un suplemento (y por tanto prescindible si no te interesa), mientras que EL CULTURAL practicamente se cae del períodico al comprarlo. Quizá a veces acaban en las papeleras los mejores papeles. Muchos escritores si no en la papelera, seguro que en un cajón tienen sus mejores obras que en cambio tendrían menos lectores.

martes 20 de mayo de 2008

¿Los conductores leen?


Leer requiere tranquilidad y silencio. Sin embargo un buen número de lectores leen en el transporte público, mientras viajan o mientras esperan, en un ambiente que desde luego no es tranquilo y en el que no es fácil aislarse, y más cuando Metro de Madrid (ese que parece avergonzarse de ser metro y queire ser avión) ha decido poner pantallas de televisión, como si se le quisiera ganar terreno a la lectura también en ese espacio. ¿Leer es para estos lectores una forma de matar tiempos muertos? Se lee mientras se espera. ¿se lee como esperanza?

Pero si se lee en el transporte público, los que viajan en coche ¿usarán luego el tiempo ganado en leer? ¿Y en los atascos? ¿leen los conductores en los atascos como los conductores de autobús leen el periódico en los semáforos cerrados? Recuerdo aquellos personajes de "autopista hacia el sur" de Cortázar atrapados durante días en un gran atasco, haciendo vida en sus coches, y sí… también leían.

Pero el espacio más destacado reservado para la lectura es la biblioteca, y sin embargo en las bibliotecas publicas en realidad se lee menos de los esperable. Hay trasiego de gente que entra y sale y sobre todo se lleva a casa películas, música y juegos. Por supuesto también libros. Desde que la biblioteca es también videoteca, discoteca y ludoteca, sin duda son más visitadas, y eso es bueno porque tarde o temprano los visitantes también se llevarán un libro, pero lo cierto es que en la biblioteca se lee poco. En la sección de adultos los estudiantes de secundaria, universitarios y opositores estudian, en la sección infantil muchos niños aprovechan para hacer los deberes del colegio, pero leer, se lee poco. Desde que las bibliotecas publicas disponen también de puestos de acceso a internet, se producen situaciones al menos curiosas, porque la mayoría de los usuarios son jóvenes que utilizan la conexión para chatear a través de programas de mensajería, lo cual es paradójico, porque en un espacio en el que hablar está relativamente prohibido, ellos van precisamente a la biblioteca para no hacer otra cosa que hablar, eso sí, en silencio. Pero bueno, aunque muchos de los visitantes de la biblioteca vayan a otra cosa distinta de la lectura, alguno, tarde o temprano, caerá en las garras del papel. Como mostraba una encuesta hecha a los usuarios por la web de la biblioteca del ayuntamiento de Madrid, la mayoría de los usuarios (creo que era más del 50% porque la encuesta ya no está accesible) visita la biblioteca para coger en préstamo… ¡Discos y películas! Da la sensación de que las bibliotecas se avergonzaran de ser espacios de lectura, de ser un lugar de libros y tuvieran que ceder espacio -¡también aquí!- a la música, los juegos de ordenador, las películas e internet.

Pero si en las bibliotecas paradójicamente y proporcionalmente parece que se lee menos que en el transporte público, lo cierto es que se puede leer casi en cualquier parte. En el barrio donde vivo, hace más de 20 años - ahora ya sé que veinte años no es nada- que veo a menudo un señor que lee en la calle, y de pie, novelas de Marcial Lafuente Estefanía. Es cierto que le sobra el tiempo, pero lee.

Porque parece que en gran medida la lectura es una forma de ocupar el tiempo, como lo ocupan los que esperan el autobús o viajan en metro, en un tiempo en el que no se puede hacer quizá otra cosa. De ahí la expresión tan afinada y afilada de "matar el tiempo". Pero hoy que parece que no existe el aburrimiento, que ha sido desalojado de nuestras vidas en las que tenemos la sensación de llegar tarde a todas partes parece que la lectura corre aún más peligro. ¿Pero en qué usamos entonces el tiempo?

En cualquier caso -y por si acaso-, como tal vez hubiera dicho Gómez de la Serna: el aburrimiento es la mentira del burro. Si te aburres: lee.

lunes 19 de mayo de 2008

Ruiz Zafón y los perros

"Ladran, luego cabalgamos", decía don Quijote a Sancho. Y efectivamente es frecuente que cuando alguien tiene éxito le surjan cientos de amigos, pero especialmente miles de enemigos, y sobre todo millones de críticos. Por eso no me ha sorprendido del todo últimamente encontrar una serie de críticas a Ruíz Zafón, alegando que escribe mal, y en definitiva que es un pésimo escritor. Leí hace un mes la de Arcadi Espada, que ha tenido cierto eco, y hace un par de días, a la zaga de aquella crítica, leí otra de un corrector de estilo que aprovechaba para comentar lo mal que hacen las cosas las editoriales y el poco respeto que se tiene al trabajo de corrector, o como se mete prisa y no importa tanto la calidad. Probablemente tenga razón, aunque si le sirve de consuelo en todos los sectores cuecen habas, y no siempre la calidad es el criterio principal. Pero bueno, a lo que vamos.

Es más que probable que Zafón no reciba nunca el premio nobel, aunque en la historia del nobel hay de todo –Creo que ya es un tópico citar a Echegaray, pero vamos, es que es un buen ejemplo-, pero de ahí a decir que es un mal escritor ("pésimo" dice Arcadi) porque comete incorrecciones sintácticas o gramáticas (quien esté libre de pecado, incluidos correctores, que tire la primera piedra), o ponerle a parir porque haya algún que otro desliz argumental o anacronismo en su obra, me parece sacar los pies del tiesto, porque de ser así tendríamos que condenar al ostracismo a la mayor parte de nuestra producción editorial . Así el post de Espada hace espcial sangre de los anacolutos de Zafón. Bueno, teniendo en cuenta que el ejemplo clásico de anacoluto que cita Lázaro Carreter es de nada menos que de Teresa de Jesús, quizá no sea tan grave. Que no se haya documentado todo lo bien que algunos quisieran , es otro tema, porque en la ficción es frecuente que se alteren circunstancias históricas para hacer más interesante un relato, por ello se habla de novela y no de historia, pero bueno, eso también sería otra discusión, porque si analizamos novelas históricas (clásicas y encumbradas) puede que nos sorprendamos bastante. Que sea un escritor de novela juvenil, que he leído como crítica en otros foros, como si eso fuera un estigma, tampoco me parece de recibo, primero porque empezamos a minusvalorar géneros, cosa que es tremenda y absurda, y segundo porque en España hay muy buenos escritores de literatura juvenil y son ellos los que deben merecer todo nuestro respeto, más que otros escritores de adultos, porque son los que se empeñan en hacer lectores, y a mí personalmente me provocan admiración. Y ahí tenemos a Jordi Sierra i Fabra, premio nacional de literatura y candidato al nobel de la literatura juvenil, el premio Andersen. Pero bueno, que vuelvo a salirme del tema.

Creo que quienes de alguna forma queremos o intentamos que la lectura se extienda a mayor número de personas, hacemos un flaco favor a este empeño criticando a autores como Zafón que han conseguido algo importantísimo como es unir cierta calidad literaria con un “bestsellerismo” (perdón por la barbaridad) desconocido hasta ahora en España, todo ello con una buena historia bien narrada que consigue atrapar al lector, porque le hace disfrutar con la lectura (algo que no es fácil de conseguir, o al menos yo no me lo encuentro todos los días). Que dicha historia y dicha novela esté basada en fórmulas que se sabe que funcionan, no desmerece en absoluto, pues si precisamente esas formulas funciona y todo el mundo puede usarlas, lo cierto es que no tenemos una Sombra del viento cada quince días, ¿algo habrá de dificultad y de talento en construir una obra que ha funcionado tan bien?. Y sobre todo que el arte, se basa en motivos y fórmulas, o ¿no es así?

Acostumbrados a ver textos de supuestos grandísimos escritores plagados de barbaridades, o simplemente de obviedades, de diálogos insulsos, de descripciones estúpidas, o de argumentos que ¡válgame dios! …, el que se critique a Zafón por decir que las bombillas son de cristal (no sé si en otro autor, esto sería considerado un pleonasmos de gran fuerza expresiva) me parece que es intentar hacer una división entre los escritores buenos y los escritores malos, identificando a los primeros con los que leen los cultos y los otros con los que lee la gente en el metro (otro día hablaré de que se lee más en el metro que en las bibliotecas). Otro craso error desde mi punto de vista, porque precisamente si realmente existieran esas divisiones (que no existen, o al menos no son tan claras) lo mejor es lanzar puentes, y no quemar las naves. Pero como tenemos tendencia a las islas (o a las torres de marfil), en vez de intentar atraer a miles de lectores para que esa isla se convierta en continente, pues criticamos a Zafón por sus anacolutos, sus inconsistencias argumentales (¡dios mío!, no es el lugar para enumerarlas, pero hay una lista de incongruencias del Quijote, y eso sin mencionar al asno guadianesco que dicen que perdieron los impresores) y decimos que es un pésimo escritor.

El que se diga que lo criticable, como dice Espada, no es que Zafón escriba mal (porque claro, eso da igual) sino que los editores son un desastre, es aprovecharse del cauce del Pisuerga, o sea, salirse por peteneras, porque ¡anda que no podemos hablar de libros de autores vivos pero ya clásicos de nuestro país cuyos textos han salido sin una mínima corrección por motivos varios y diversos!, desde que el autor estaba enfermo y nadie se atrevió a tocar una coma sin consultarle, hasta simplemente que en corrección no es todo blanco ni negro y lo que a ti te parece una incorrección enorme a otro le parece un hallazgo lingüístico inconmensurable. O como decía Lázaro (no Carreter, sino el otro) , “lo que uno no come, otro se pierde por ello”. (Por cierto, que este “ello” habrá corrector que lo eliminaría alegando que es un galicismo, pero claro qué se puede esperar de un pícaro)

Lo cierto es que Zafón, ha conseguido algo que para mí es muy importante, y probablemente sin pretenderlo, unir cierta calidad literaria (evidentemente Zafón no es Cervantes, pero tampoco es Dan Brown, no nos engañemos) con unas ventas de libros prácticamente desconocidas hasta ahora. Creo que La sombra del viento es un libro muy recomendado (desde luego yo lo he recomendado mucho, especialmente a gente que lee poco o nada) porque la mayoría de la gente que lo ha leído ha querido compartir el placer de su lectura con otros, y ahí creo yo que está el verdadero éxito de la Sombra del viento, y no en campañas de márquetin, que no las hubo realmente hasta que el libro empezó a cobrar vida por su cuenta. Y en este sentido hay también un principio de márquetin que dice que cuando algo te gusta se lo cuentas a 10 personas, pero cuanto algo te disgusta se lo cuentas a 100. Evidentemente en el caso de Zafón han podido más los muchísimos que lo han recomendado 10 veces, que lo pocos que lo han criticado 100.

Creo sinceramente que libros como la Sombra del viento, hacen más por la lectura que muchos planes de fomento de la lectura institucionales. Ojalá hubiera más “Zafones” que consiguieran que todos los meses tuviéramos un libro como la Sombra del viento (no sé si el Juego del ángel lo es, porque tengo una lista de lecturas pendientes demasiado enorme por el momento, y no le he echado aún el guante), porque si muchos lectores de esta obra luego han buscado las novelas juveniles de Zafón, es que ha conseguido iniciar una cadena de lecturas que es el paso principal para encadenar lectores. Esto sin negar claro está que hay muchísimas obras mejores en este sentido y que por las circunstancias del azar ( osea miles de factores que desconocemos, y otros pocos que sí conocemos) no conseguirán nunca llegar a tantos lectores. Pero esa también es otra historia, que como diría Michael Ende, debe ser contada en otro momento.

En fin, que con mis respeto a Arcadi Espada y a los que han seguido por esa senda, en cuestión de crítica literaria respecto más la opinión de Ángel Basanta que comenta sobre el Juego del ángel:
"En fin, haciendo gracia de estos pequeños fallos, la diversión está garantizada por una novela entretenida y bien contada, impregnada de literatura y llena de guiños cómplices en una historia que nace de los libros, los que lee con pasión y escribe después el narrador y protagonista, y que acaba en los libros, con el narrador retirado a escribir esta novela en una cabaña cerca del mar y anudando su conexión con otro libro, La Sombra del viento, por medio de la condición de Isabella como madre de Daniel Sempere, narrador y protagonista de La sombra, en cuya página primera se leen motivos y frases que coinciden con otros de El juego."



Y por cierto, que quienes frecuentan EL Cultural, están acostumbrados a que muchas críticas de Ricardo Senabre terminen con una recopilación de errores gramaticales, sintácticos, etc y esto en autores de todo tipo, lo cual no siempre desmerece una buena obra (cuando lo es) y como decía, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, pero si tenemos que tirar piedras que no sea contra escritores que consiguen hacer lectores, sino contra los otros, los que hacen que se pierdan lectores por insufribles y peñazos. (Esto último dicho con todo el cariño del mundo).

domingo 4 de mayo de 2008

Libros digitales ¡Ya!

Hace años que existe una ley que obliga a las páginas web institucionales a ser accesibles. Esto significa que deben programarse teniendo en cuenta el acceso por parte de personas con capacidades limitadas, desde ciegos que utilizan lectores de voz, a daltónicos que pueden tener problemas para acceder a contenidos si no se utilizan correctamente los colores en la pantalla, pasando por personas que pueden tener ataques epilepticos si se utilizan destellos de determinadas características, o simplemente personas mayores, o no, que no pueden leer bien tamaños de letras pequeñas y que puedan aumentarla sin problemas, etc. Es obligatorio como digo que las páginas insitucionales cumplan una serie de requisitos para permitir el acceso a todos los usuarios. No es obligatorio todavía para el resto de las webs, pero debería serlo, y pronto sin duda lo será, porque en el fondo no requiere demasiado (Y aquí entono el "mea culpa" porque hace años que empezamos el proyecto de Minotauro Digital accesible, pero no acabamos de terminarlo)

Pero es que por el mismo motivo de igualdad de oportunidades, el acceso a los libros digitales es también necesario para estas personas. El blog Libros digitales ¡Ya! acaba de aparecer precisamente para reivindicar esto. Pues efectivamente desde personas con problemas de movilidad a personas disléxicas, o invidentes que pueden leerlos con un lector de voz, o con el propio sistema de lectura de windows o de PDF, etc.; los libros en formato digital suponen a veces la única, y casi siempre la mejor, posibilidad de acceder a esos contenidos. Hace tiempo yo reivindicaba, por otros motivos, la necesidad de que se obligara a llevar un depósito legal en formato digital de todos los libros que se hacen en España ("Del manuscrito al libro electrónico. Fetichismo y digitalización", Revista Trama y Texturas, 2, Mayo, 2007). Hoy día se establece un deposíto legal del libro en formato físico, pero no hay obligación de depositarlo en formato digital, y esto sería útil, primero para impedir que determinados libros de vida efímera y poco alcance, acaben desapareciendo para siempre, pero también sería necesario para permitir a través de las instituciones adecuadas el acceso a dichos libros por parte de las personas con problemas de acceso al formato físico. Un organismo público que difundiera dichos libros a estas personas, les permitiría poder estudiar o simplemente leer como el resto de las personas, desde el Juego del ángel que acaba de publicar Ruiz Zafón a una historia económica o un tratado de física cuántica que se acabase de publicar, o los libros de texto, y desde luego toda la literatura anterior, como a cualquier hijo de vecino, y es más, aquellos casos de libros descatalogados y difícilmente encontrables para cualquier lector, podrían igualmente pasado el tiempo y cumplidos los requisitos que se establecieran por parte del editor, ser accesibles para todos en formato electrónico.

Desde aquí apoyamos desde luego a Libros digitales ¡Ya! y pedimos a la Administración a que ponga en marcha ese depósito legal, que por otra parte, si no recuerdo mal empezaba ya a estar previsto, al menos en los planes de la Biblioteca Nacional en la pasada legislatura, pero que desde luego ni se ha puesto en marcha ni creo que contemple la posibilidad de dar acceso a las personas que precisan del formato electrónico para acceder a los contenidos.

jueves 1 de mayo de 2008

A propósito de Julieta Valero


“El rostro es una enfermedad” nos asegura Julieta Valero en Los heridos graves, y su mínima afirmación es una piedra lanzada contra la superficie inmóvil del estanque, una superficie tranquila en medio de un ambiente reposado y estable. El rostro es la enfermedad de la identificación rápida, palmaria y también falsa, porque el rostro puede decirlo todo o puede ocultar cualquier estado de ánimo. La tristeza o la alegría, el dolor o el vacío, el rostro es, en los momentos decisivos, la máscara tras la cual nos ocultamos y dejamos que la gente crea que nos conoce. El rostro es la clausura de la imaginación. El rostro, además, se solidifica y endurece en la edad adulta, en esa edad en que las habitaciones de juego, o están vacías o acumulan el polvo pesado de los años que llevamos desertando de ella.
La casa es, en cierto sentido, lo contrario del rostro. La casa alberga al yo, lo acoge en un interior despojado y le permite deambular por entre las sombras y los silencios. El yo recorre las salas de pasos perdidos de la memoria y oye cómo resuenan sus pisadas por entre una atmósfera fantasmal. Pero nadie comparece, ni los cadáveres de entonces ni los recuerdos ni las voces que entonces dieron sustancia a la morada. La casa es el alma vacía, fría, hueca de todo.
La vida es una perplejidad que nos va asaltando a cada momento. La vida es un ir dejando que nos abran heridas y que estas vayan secándose al sol de la soledad.

La fotografía es de Ángel Arribas y está basada en el poema: "Canción de los que han puesto casa" del libro Los heridos graves.