viernes 11 de diciembre de 2009

Otras formas de editar

Hace algunos días a raíz de la polémica suscitada por la ya conocida como "ley de la patada en el router" algunos editores hablaban también de imponer sanciones a los "lectores" que "pirateen" libros, sobre todo por el miedo que la mayoría de los editores tiene ante la plausible implantación del libro electrónico en un futuro no demasiado lejano. Evidentemente no todos los editores le temen al libro electrónico feroz ni todos los editores creen que hay que sancionar, prohibir, cerrar, etc para proteger su negocio editorial, porque en el fondo es el negocio y no la cultura lo que se quiere proteger. Porque la cultura (sobre(mal)protegida como ya está) no necesita más protección sino que lo que realmente necesita protección son, en el caso de los libros, los lectores... es a los lectores a los que hay que cuidar, incluso me atrevería a decir mimar, y más aun si cabe a los no-lectores para que se conviertan en lectores. Por tanto el aumento de la supuesta piratería de libros en el fondo no hará otra cosa que aumentar el número de lectores y por tanto, aunque deba ser perseguida en lo que legalmente tenga de delito (cosa que a dia de hoy está aún indefinido) , en lo que se refiere al lector en ningún caso debiera jamás culparsele por leer, aunque en vez de pasar por caja lo haga pasando por emules o demás zarandajas, pues al fin y al cabo, si uno quiere leer gratis también tiene bibliotecas (y yo no me siento culpable por tomar prestado un libro de una biblioteca, sino todo lo contrario) a la vuelta de casi cualquier esquina y por tanto la facilidad de reproducción y distribución de "copias" de obras no es sino una gran biblioteca que ahorrará tiempo a los perezosos y permitirá encontrar más fácilmente obras difíciles pero que sobre todo aumentará las horas de lectura (y más teniendo en cuenta que la tirada media de libros en España no es mucho mayor de 1000 ejemplares por titulo) y seguramente creará nuevos lectores que finalmente acabarán pasando por alguna que otra caja como parece que se ha venido demostrando con el caso de la música.

Pero no era de eso de lo que quería yo hablar sino de que existen otras formas de editar, que no todas las editoriales son celosas de sus copias, sino que algunas incluso las distribuyen libremente con licencia copyleft para que aquel que no quiera pasar por caja no se quede sin leer obras que quizá sean muy interesantes, y me refiero a casos como Traficantes de sueños y su catálogo disponible en PDF en su página web para que todo lector pueda descargarse la obra que le interese y, respetando la licencia, hacer con ella lo que le plazca que, generalmente, será leerla. Hay pues otras formas de editar, como hay otras formas de escuchar música, otras formas de utilizar el software y en general, afortunadamente, muchas formas de ser.

miércoles 9 de diciembre de 2009

Los polvorientos


La imagen nos era familiar, y casaba sobre todo con los periódicos amarillecidos por el viento. Aquellos hombres (era un mundo aquel reservado para los hombres ) detrás de sus mesas con incontables pilas en equlibrio de libros, papeles garabateados, arrugados, y una lámpara que alumbraba lo justo en intensidad y en superficie; el silencio, algo quejumbroso y el aire, viciado después de que la habitación llevara varias semanas sin ventilarse. Es una imagen que ya apenas vemos, y que tiene los días contados.
El libro digital nos va a traer un regalo: la desaparición del polvoriento. Ha sido muy común la exhibición del lector, casi siempre escritor, rodeado de sus libros almacenados con paciencia durante lustros y décadas. Con el libro se acumulaba el polvo hasta que al final toda la casa terminaba por ser un polvoriento almacén de sueños, manuscritos, despropósitos o vulgaridades. Pero el tiempo se les acaba. Pronto no necesitarán habitar enormes casas silenciosas y ocupadas por fantasmas. Pronto les bastará con un lector de libros electrónicos y algunas unidades potentes de memoria. Sus casas serán más pequeñas y en las paredes los cuadros, las fotografías o los pósters sustituirán las inacabables bibliotecas.
No me cabe la menor duda de que muchos sentirán nostalgia cuando lean esto. Al fin y al cabo todavía hay gente que se lamenta porque haya desaparecido el ordeñamiento manual o que la lavadora haya sustituido a los lavaderos públicos, extraordinarios lugares de convivencia, contestación y libertad femeninas, según nos cuentan algunos. Hay quien se queja, con total coherencia, de que el mal comienza con la invención del coche, que relegó a las caballerías a ser una sombra de lo que habían sido y que imprimió a la sociedad una velocidad que no es natural para las personas. Ahora desdeñan el libro electrónico como en su día abjuraron del microondas para calentar la comida o del reproductor de videos para ver películas.
Hemos entrado en una nueva era. Los cambios tecnológicos imponen cambios en las mentalidades. Puede que tengamos miedo, pero de nada sirve porque el futuro es siempre de los más jóvenes.