“Nunca llegaré a nada”. Nadie me lo tuvo que decir, desde muy joven lo tuve claro, y esa claridad, que no vino esta vez del cielo, sino de un brevísimo momento de lucidez, me liberó el resto de mi vida. Nunca podré agradecer lo suficiente a ese momento la impronta que dejó en mi vida. Desde entonces nunca he hecho nada para conseguir algo: un puesto, una situación privilegiada, un reconocimiento.
He hecho muchas cosas porque soy una persona activa. Me aburre dejar pasar el tiempo y que la vida se consuma sin aprovecharla. Me he metido de hoz y coz en muchas aventuras, a veces quizás demasiadas, y algunas de ellas han resultado desastrosas por lo que tiene de choque con otros, de desengaño y de heridas que tardan en cicatrizar. Todo eso lo he hecho por placer, simplemente. Porque me apetecía hacerlo. Podía ser que hubiera personas con las que me gustaba estar, o que me gustara la actividad en sí, o porque sentía esa extraña afección puritana del deber. Siempre me ha movido mi deseo más privado y no las recompensas ajenas.
Así pues no entiendo las peleas, pisotones, carreras de obstáculos y otras tantas estrategias que artistas en general se profesan para lograr llegar a lo más alto al tiempo que impiden a otros la subida al monte del reconocimiento. Tampoco logro entender que haya gente con obra escasa, brevísima, y ya sientan la angustia de su oscuridad social, su irrelevancia en medio de otros que llevan varias décadas. Nadie entienda con esto que estoy a favor de la co-optación, ni mucho menos. Para mí es tan sencillo como pensar que nunca he sido más feliz que cuando fui un completo desconocido entre mis convecinos. Entonces uno se dedica a vivir solo por el deseo de vivir sin pensar en si algún día llegará a algo.

2 comentarios:
No sou nada.. pero tenho en mim todos os sonhos do munco
es que el querer "llegar a ser" me deja un poquito descolocá...
¿mientras no se to be?
nu sé, nu sé...
me gustó la reflexión
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