Que las cosas sean distintas no quiere decir que sean peores o mejores, ni que sin eso que hay nuevo la vida no pudiera seguir. En muchos casos, sin duda, lo nuevo no pasa de ser un aditamento, a veces incluso solo una adiposidad.
Todo esto viene a cuento de la manera en que la aparición de internet ha revolucionado la poesía. Para algunos, por lo visto, la revolución ha sido enorme. Arguyen que la relación con el lector es más inmediata, cuando ignoran que en los años 30 del pasado siglo también los escritores decían lo mismo de las revistas literarias. Otros no dejan de señalar que pueden poner música e imágenes a sus poemas, olvidando que eso no cambia en nada la naturaleza de la poesía tal y como hasta ahora la conocemos.
Por eso pocas acciones son mejores que ir a las bitácoras (o blogs, tanto da, si se prefiere el término inglés) para averiguar lo que los poetas están haciendo y poder evaluar la novedad (o su ausencia).
Lo que leo, aunque es cierto que no conozco todas las bitácoras de los poetas, son poemas en pantalla. Quizás esto pudiera parecer nuevo hace unos años. Hoy en día, cuando el libro en soporte electrónico está extendido, leer poemas en la red, poder hacer comentarios (que suelen ser bastante pobres cuando no una simple afirmación de amistad) y la, supongo que tentadorísima posibilidad de la difusión total, ofrecen poca novedad. Tampoco termina de convencerme la costumbre de añadir canciones o alguna foto. Están bien y animan a la lectura, pero hay poco cambio sustancial, por no decir ninguno.
Creo que la literatura en red debería ser una literatura discontinua. El lector leería un fragmento, hasta toparse con un enlace, y entonces saltaría al otro texto, y de este a otro, o volvería atrás, aunque no podría volver siempre. La lectura se iría abriendo en múltiples ramales, cada uno con su línea estética, argumentativa. Serían ramales que se expandieran hasta el infinito o que, al final, se cerraran sobre sí mismos, o que volvieran al punto de partida. Las posibilidades son múltiples, pero para ello lo primero es tener en cuenta un concepto no consecutivo de la lectura (ni de la literatura). Podría ocurrir que en algún momento dos personas recitaran al mismo tiempo poemas distintos, o que la música condujera a otras o las imágenes estuvieran enlazadas con otras imágenes, otras melodías, otros poemas, o que ofrecieran un bucle infinito.
¡Quién sabe! Lo que sí sé es que dejar el poema tal y como hasta ahora lo hemos conocido en la red no aporta nada. Se trata de la enésima antología de poetas aunque esta vez el número de antologados sea infinito.

